Summilux marca un nuevo hito en la diversidad de la fotografía. Gracias a su alta luminosidad, el objetivo ya permite realizar fotografías sin perder calidad en condiciones de poca luz y ofrece una mayor libertad creativa en general gracias a su menor profundidad de campo.

Marzo de 1960, el cubano Alberto Korda se encuentra bajo el calor sofocante de La Habana en una manifestación fúnebre. Su Leica, firme en la mano. Ha venido a fotografiar a Fidel Castro y a su público. Por un breve instante, aparece el Che Guevara. Su expresión es seria, su mirada, fija. Desde la perspectiva de Korda, parece que está de pie frente a un cielo vacío. En un arrebato, Korda oprime el disparador. Dos veces. Eso es todo. Castro vuelve al escenario. La gente aplaude. Korda documenta el momento.
No es hasta muchos años después cuando este momento tan casual, este encuentro fugaz, se convierte en una de las imágenes más icónicas de la historia. Tras la ejecución del Che Guevara, la fotografía da la vuelta al mundo como pocas. Se convierte en un símbolo eterno de la resistencia y la revolución. Tomada espontáneamente, siguiendo el instinto de un solo fotógrafo, marca la época posterior. Como si hubiera sido creada con ese propósito.


Aquí se encuentran de nuevo: la mirada espontánea de uno y la mirada icónica y penetrante del otro. Aunque la fama de su imagen supera con creces la suya propia, Korda se convierte en un referente como fotógrafo. Gracias precisamente a esta fotografía casual, que más tarde se convertiría en uno de los símbolos del cambio más conocidos del mundo.


Lo recuerdo como si fuera hoy... verlo así a través del visor, con esa expresión. El efecto todavía me abruma.– Alberto Korda
